Una cata para descubrir el tequila
¿Alguna vez te has preguntado por qué un tequila blanco sabe tan diferente a un reposado o un extra añejo? La respuesta va mucho más allá del tiempo que pasa en una barrica.
Durante una cata organizada por Casa San Matías, aprendimos que cada tequila cuenta una historia propia. Bajo el concepto «Hecho sin complicaciones», la experiencia llevó a los asistentes a descubrir cómo el origen del agave, la altitud y el proceso de maduración influyen en cada copa.
La historia de la casa tequilera comenzó en 1886 en el Valle de Tequila. Décadas después, en 1940, trasladó su producción a Ojo de Agua, cerca de Tepatitlán, en Los Altos de Jalisco, una región donde el clima ofrece días cálidos y noches frescas, condiciones que favorecen un desarrollo más lento del agave y aportan características muy particulares al tequila.
La degustación inició con un tequila blanco, la expresión más pura del agave, ya que nunca pasa por barricas. Después llegó el turno del reposado, cuya estancia en madera le aporta mayor suavidad y notas más complejas.
Uno de los momentos que más llamó la atención fue conocer el tequila cristalino, una categoría que ha ganado popularidad en los últimos años. Se trata de un tequila que primero madura en barrica y posteriormente pasa por un proceso de filtración que elimina el color, pero conserva buena parte de los aromas y sabores desarrollados durante su añejamiento.
El cierre fue con una verdadera joya de la casa: San Matías Gran Reserva Extra Añejo, un tequila que permanece 13 años en barrica y cuya receta se mantiene prácticamente intacta desde 1993.
Como ocurre con el vino, aprender a degustar tequila cambia por completo la experiencia. Observar su color, descubrir sus aromas y saborearlo lentamente permite apreciar el trabajo que existe detrás de cada botella.
Si visitas Jalisco, incluir una cata en tu itinerario es una excelente forma de acercarte a una de las tradiciones que mejor representan la identidad de nuestro estado.

